¿Qué podemos sacar en claro del último ataque informático?

Bien, el ataque informático que protagonizó el ramsonware WannaCrypt se ha esparcido como un fuego en un matorral seco, ¿Qué podemos sacar en claro de este ataque?

Vivimos en un mundo interconectado, eso no es palabra nueva, en el que cada día dependemos más y más de la tecnología. ¿Qué significa eso en nuestras vidas?. Esto quiere decir que tenemos nuevas responsabilidades, somos responsables de mantener nuestros ordenadores y dispositivos actualizados, de la misma manera en la que debemos darle mantenimiento a nuestros coches o pagar la hipoteca.

El mundo en el que éramos ignorantes de todo lo que acontecía al otro lado del planeta ya pasó, ahora más que nunca somos una aldea global, con todas las ventajas y responsabilidades que ello conlleva.

Le debemos respeto a esta nueva era, en la que un código de programación puede poner patas arriba al mundo, tenemos que informarnos, tenemos que estar constantemente actualizados o contratar a la gente idónea para que lo haga por nosotros.

Este ataque ha dejado al descubierto una vulnerabilidad de nuestro sistema que considero primordial: la desidia. ¿Cómo es posible que expertos del sector informático (no quiero decir nombres, pero seguro ya los habeis visto) hayan salido en los medios de comunicación explicando que hay sistemas que no pueden actualizarse porque están ocupados haciendo otras cosas?, ¿O que la seguridad informática no es la responsabilidad del experto en IT?… menudo jaleo

Todos los que trabajamos en tecnología somos responsables, todos los usuarios son responsables, todos los que queremos enviar un mensaje por Twitter, Facebook o WhatsApp somos responsables. Porque la tecnología y la comodidad vienen con un precio: no podemos dormirnos en los laureles.

Así que, si eres usuario y el experto en tecnología (sea un CIO o un técnico) te dice que debes actualizar tus dispositivos, actualiza.

Y si eres un experto en IT recuerda: «Ahora este es nuestro mundo, el mundo del electrón y el conmutador, la belleza del baudio…» Con toda la responsabilidad que ello conlleva.

By: Gustavo A. Marrero

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